Tuesday, August 29, 2006

La Vivencia de: El Mal, El Bien y El Yo [parte 10]

En estos últimos días he conocido alguien súper noble de corazón. Una persona que te contare se ha acercado lentamente hacia mi pero con buenas palabras. Nunca creas ni demasiado ni muy poco a las personas porque quizás esa persona solo quiere ser tu amigo. Me da una tristeza ver como muchas personas dejan sus vidas para buscar algo mejor y deben pasar por a mil y una tempestad antes de tener algo propio.
El camino correcto es ver la felicidad cerca de los que quienes tienes te enseñan sus propias experiencias y errores se muestran a tu favor. "La vida es una sumatoria de errores y nadie te puede decir donde iras o como, solo te van aconsejar." Siempre la última palabra la vas a tener tu antes que nadie pues en tu vida eres tu y lamentablemente se debe ser egoísta a ratos. Al final eres tu el que traza su curso por este mundo. Seguir un sueño es importante para llegar a un equilibrio mental. Tienes que luchar por algo pero recordar que quizás las cosas no salgan como querías.

Eran cerca de las 3 a.m. cuando regresaba del trabajo. Cansado y con la chaqueta sobre el hombro derecho, subía las escaleras desanimado. Tengo recuerdos escasos de aquella noche pero de algo si me acuerdo; estaba harto y solo quería acostarme. Para hacer un trabajo en la vida debe gustarte, apasionarte y sobretodo llenarte completamente. Dentro de eso existen pocas personas que realmente hacen lo que les gusta, la gran mayoría trabaja por necesidad sin gustarle. Había tenido un día complicado y sobretodo me quedaba aguantar el teléfono. Aquel infame hotel, como había odiado la carrera que había echo. Nunca me perdone acabar algo que no me gustaba porque sabía que era una cruz que llevaría siempre.

Pasaba las noches despierto como siempre con un vaso en la mano, pero esta noche seria diferente tenia una pistola cargada con solo 1 bala. Ya no se ni que hora era cuando estaba tirado en la cama, la botella habría estado vacía ya por unas 2 horas pero mi mano seguida agarrando la pistola con firmeza. No tengo seguridad de que hacia pero sabia que el cañón frió rozaba mi cabeza y que el objetivo de aquella bala dorada era mi cabeza. Así me pasaron las semanas y cada noche se convertía en otra velada como las noches anteriores. Aquel arma de fuego se convirtió en una excusa para poder dejarlo todo sin muchas palabras. No quise saber como había llegado a mi estado de embriaguez diario o porque siempre tenia una pistola 9mm puesta a la cabeza.

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